El mejillón cebra amenaza las aguas dulces ibéricas
Un bivalvo
invasor devasta el bajo Ebro
En menos de un año, el mejillón cebra (Dreissena polymorpha) se ha extendido como
una alfombra densísima por al menos 70 kilómetros del curso del río Ebro, desde
el embalse de Ribarroja (a caballo entre Aragón y Cataluña) hasta las
inmediaciones del Delta, sin que hasta ahora se haya podido dar con la forma de
erradicarlo, o al menos frenar su proliferación. El Plan Hidrológico Nacional amenaza con expandir esta plaga
hacia otras cuencas del este y sur de la Península, arrastrando así los enormes
problemas económicos y ambientales que conlleva.
El
mejillón cebra es un molusco proveniente del mar Negro, que ha llegado hasta
diferentes regiones de Europa y América, a través de la navegación. Al ocupar zonas donde no existían especies
con características ecológicas similares, el invasor se halla libre de
depredadores, parásitos o competidores, y gracias a su prodigiosa capacidad de
multiplicación se extiende sin control.
Las especies autóctonas que nunca han tenido que enfrentarse al mejillón
cebra, se encuentran indefensas ante esta peligrosa plaga.
Los
medios de dispersión del mejillón cebra, cuyo nombre científico es Dreissena polymorpha, han sido varios.
Esta especie comenzó a extenderse por Europa adherida a las embarcaciones o a
los aparejos mal limpiados. Así, a lo largo de un siglo y medio, su dispersión
llegó hasta puntos tan dispares como los canales ingleses y los lagos
prealpinos italianos.
Tras
terminar la Guerra Fría, Estados Unidos y Canadá comenzaron a comerciar con la
Unión Soviética. La URSS cargaba sus grandes buques con el agua de estuarios
para compensar el lastre y los vaciaba en los Grandes Lagos, para a
continuación, volverlos a cargar, esta vez con trigo. Como resultado se produjo
un movimiento de millones de toneladas de agua de procedencia póntica, cargada
de nuevas especies para el continente americano. Una de estas especies (ya son
más de trescientas establecidas) fue el mejillón cebra, que llegó allí en 1984;
tras un periodo de colonización relativamente lenta, siguió una fase explosiva,
que aún se mantiene y que ha causado la infestación de prácticamente toda la
mitad oriental de Norteamérica.s
La
Península Ibérica se había mantenido hasta ahora a salvo de esta invasión. Hubo
una colonización incipiente en el Llobregat en 1983, pero las inundaciones
catastróficas de aquel año acabaron con la pequeña colonia que se empezaba a
desarrollar. Aún sin tener esta especie viviendo en España, se sabía que
representaba un peliggro potencial de primer orden. De hecho, la propuesta del
trasvase de aguas del Ródano a Cataluña tuvo ya en sus inicios como una de las
principales objeciones la contaminación biológica por el mejillón cebra.
Curiosamente, entonces hubo un responsable político que alegó que el tema no
sería tan grave, pues él jamás había oído hablar de nada parecido a un mejillón
de agua dulce.
El primer
hallazgo en el Ebro tuvo lugar a principios de verano del año pasado, cuando un
chico pescando, lo encontró y lo llevó al Grupo de Natura Freixe. Gracias a una
financiación de urgencia por parte del Ministerio de Medio Ambiente, se pudo
realizar una prospección intensiva de todo el cauce afectado. Del informe
resultante se desprende que la invasión es ciertamente grave, que su origen
está en el embalse de Ribarroja, y que el futuro es más que preocupante. Como reconoce Pere Josep Jiménez, presidente
del citado grup, “actualmente este molusco es ya una plaga imparable en el
Ebro”. Es de justicia dar crédito a las
autoridades autonómicas y comarcales, que desde el primer momento se han
comprometido también en las labores de seguimiento y posible control de esta
invasión biológica; sin embargo, el problema es de una magnitud tal que
desborda la capacidad de dichas instituciones.
Ahora
bien, no siempre las autoridades competentes han puesto el celo necesario para
proteger nuestros ríos. La llegada del
mejillón cebra parece un claro caso de negligencia: la pesca deportiva, con
gran actividad por parte de aficionados centroeuropeos en los embalses de
Ribarroja y Mequinenza, ha sido con toda probabilidad el vector de esta introducción. De hecho, ésta misma ha sido la causa de que
al Ebro hayan llegado otras especies exóticas que se han mostrado especialmente
problemáticas. Es el caso, por ejemplo, del siluro, un enorme pez depredador
procedente del Danubio, que en el Ebro ha hallado un hábitat favorable, para
desgracia de todas las especies de peces autóctonos. La irresponsable gestión de la pesca fluvial ibérica favorece que
las especies exóticas proliferen rápidamente al ser utilizadas como trofeo de
pesca (soltándolas directamente a los ríos), como cebo barato o, como parece
ser en este caso, como fruto del descuido o ignorancia del grave problema,
adheridos a las cubiertas de los barcos o a las redes, que pasan de un cauce a
otro sin ningún tipo de cuidado.
Ese es
precisamente el punto donde, hoy por hoy, parece más efectivo y razonable
actuar. Así, tras un año de presencia constatada del mejillón cebra, la
Confederación Hidrográfica del Ebro ha redactado una normativa de navegación.
Hasta ahora, cualquier turista o pescador ha podido pasearse por todos los
tramos navegables fluviales de nuestro país, pudiendo esparcir la plaga sin
saberlo. Y la limpieza de los cascos y aparejos no asegura una impermeabilidad
total para una especie capaz de resistir varios días fuera del agua y cambios
brutales en las condiciones ambientales.
La labor
de las náyades (los grandes bivalvos autóctonos de nuestros ríos) es muy
beneficiosa pues filtran el agua, ayudando a la limpieza del cauce, al
depositar las partículas de materia orgánica en suspensión en el fondo
acuático. Pero en el caso de una plaga por el mejillón cebra, éste deposita el
alimento para el resto de las especies en el fondo, donde se pudre agotando el
oxígeno. Se crea así una situación que produce la asfixia del lecho del río, y
la cascada de desajustes ecológicos que se desata entonces puede ocasionar
mortalidades masivas entre la fauna fluvial. Ante semejante desastre, no
resultaría en absoluto recomensable emprender actuaciones improvisadas o
espontáneas para intentar controlar alguno de los síntomas del problema. De
momento, la causa de todos estos problemas no tiene aún método conocido de
control, lo que justifica plenamente los proyectos de investigación que un
puñado de biólogos están llevando a cabo en este tramo del Ebro, con mucho más
tesón que medios, y con bastante menos apoyo del que la situación requiere.
El
meandro de Flix es un tramo del Ebro muy afectado por el mejillón cebra y en el
que se pueden ver sus estragos tras sólo un año de invasión: donde las aguas eran
verduzcas y opacas (lo natural en un río grande), hay ahora aguas cristalinas
donde el fondo, a varios metros de profundidad, es fácilmente visible. Al no haber partículas en suspensión, los
rayos de sol pueden penetrar fácilmente, produciéndose como resultado una gran
proliferación de algas y plantas que forman enormes masas por donde atravesar
el cauce en embarcación es realmente difícil. Allí donde la deposición de
materia orgánica ha sido especialmente intensa, se han registrado crecimientos
espectaculares de cianofíceas tóxicas, seguramente responsables de las
mortalidades masivas de peces que se han detectado en esta parte del río. La
pérdida de flora y fauna autóctona, mucha ya en peligro de extinción, se da por
todo el curso inferior del Ebro.
El
mejillón cebra se extiende hasta Bítem, en una longitud total de 70 km del río
Ebro. A 25km aguas arriba de Flix, un muestreo reciente contó más de 40.000
ejemplares por metro cuadrado: una verdadera “mejillonera”. Teniendo en cuenta
que cada mejillón cebra puede llegar a medir hasta 2cm, obtenemos una masa que
ocupa un enorme volumen para una superficie de tan solo un metro cuadrado. El
resultado del paso de esta plaga por nuestras aguas es desolador. El Dr.
Cristian R. Altaba, especialista en bivalvos de agua dulce que ha coordinado
los trabajos en el Ebro sobre el mejillón cebra y otras especies, asegura que
“en términos ambientales, constituye una amenaza muy importante, ya que puede
catalizar la desaparición de muchas especies y está causando la alteración
radical de las condiciones del ecosistema fluvial, para perjuicio tanto del
medio ambiente como de los bolsillos de todos”.
En
efecto, el mejillón cebra ha llegado a constituir un problema tal, que no sólo
hace peligrar las condiciones ambientales, sino que las económicas ya se
encuentran en serios apuros. Este es el caso del pueblo de Flix, una localidad
claramente industrial: la mayoría de sus habitantes vive de la central
hidroeléctrica de Endesa, o de la planta química Erquimia. Además, a 6km está
la central nuclear de Ascó. Todas ellas necesitan del Ebro para su
funcionamiento: en el caso de las centrales, utilizan el agua para su sistema
de refrigeración; en el de la química, para producir la electrólisis de la sal
y producir hipoclorito sódico, entre otras cosas, que luego comercializan.
Todas estas empresas, por tanto, tienen canales y sistemas de tubería de
recogida y suelta de agua fluvial. Pues bien, el mejillón cebra se encuentra en
unas densidades tales, que es capaz de taponar rejillas, compuertas, cadenas,
tuberías y canales utilizados por la industria para captar y verter aguas al
río. El biólogo Miguel Ángel López, nacido junto al río y dedicado en cuerpo y
alma al estudio ecológico de sus bivalvos, señala que “el río Ebro ya ha sufrido
demasiados impactos, esta invasión es la gota que colma el vaso y la gente pide
soluciones para un problema que nos supera a todos.”
La
hidroeléctrica de Flix ha contratado a una empresa que con maquinaria
succionadora y un sistema de buzos, termina con los mejillones instalados en
las infraestructuras. Este proceso de limpieza duró unos 90 días, pero al
finalizar esta operación ya se vio que las primeras rejillas en ser limpiadas,
situadas a 30 metros de profundidad, ya comenzaban a acusar una colonización
masiva. Este tipo de tratamientos
constituye una solución puntal y temporal, que en ningún caso comporta la
eliminación del problema del río. Y
tampoco es asequible para todos los usuarios del agua del Ebro. Recordemos que
en EEUU anualmente se suman 5000 millones de dólares en pérdidas.
Llevar a
cabo el proyectado Plan Hidrológico, que implica el trasvase del Ebro a los
ríos y cuencas del sur de España, produciría una inevitable expansión del
problema que ahora tienen las fábricas del norte. Dado que los problemas
ambientales que este plan comporta no tienen excesiva repercusión en la
sensibilidad del actual gobierno, habrán de mostrarse los económicos que seguro
se expandirán por toda la península, de llevarse a cabo el Plan Hidrológico.
Las grandes compañías seguramente podrán hacer frente a esta amenazante plaga,
aunque no saldrán tampoco bien paradas y tendrán enormes pérdidas; pero las
pequeñas empresas, y especialmente los pequeños agricultores, no podrán
afrontar un problema económico de estas dimensiones.
Existen
muy pocos estudios del Ebro como ecosistema. El proyecto de trasvase del Ebro
no ha evaluado aún los daños ingentes que esta plaga producirá si llega a otros
ríos, y las constructoras tendrían que
decir algo sobre ello en sus evaluaciones de impacto ambiental. Por desgracia,
desconocemos todavía muchos detalles de la repercusión del mejillón cebra en la
Península. Lo que sí parece seguro es que la conexión entre cuencas, tal y como
ya ocurrió en casi toda Europa y Norteamérica, favorecería su propagación a
gran velocidad y sin barrera alguna. Los agricultores deben ser cuanto menos
informados de cómo se verán afectados: si sus conductos y tuberías para el
riego quedarán inservibles al estar rellenos de mejillones en su interior, sin
que una sola gota caiga en sus nuevas tierras de regadío. El mejillón cebra es quizás el argumento más
poderoso y objetivo que existe hoy en día para no tocar ni una gota del Ebro,
pues por desgracia el agua de este río está biológicamente contaminada.
Berta
López Macías, ambientóloga