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AUDITORÍA 2004 |
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El Síndic considera que fundaciones como Agua y Progreso son un «poder público» |
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La
Sindicatura pide que se rijan por los principios de
publicidad,mientras que el |
Julia Ruiz, Valencia
La Fundación
Agua y Progreso es una de las 23 fundaciones públicas de la
Generalitat que existían en el ejercicio de 2004, el último
auditado por la Sindicatura de Comptes. Estas entidades son
consideradas por el Síndic como «un poder público»
y como tal les dedica un capítulo especial en el que establece
una serie de consideraciones sobre el régimen jurídico
y la normativa aplicable .
El órgano fiscalizador
recuerda que la ley de fundaciones de la Comunitat de 1998 establece
que éstas «se rigen por la voluntad del fundador, por
sus estatutos y por la presente ley y demás normativa
aplicable a las personas jurídicas». Y añade,
que, en general, su contratación se rige por «sus
estatutos y en la normativa privada» ,ya que no existe ninguna
regulación específica para las fundaciones públicas
de la Generalitat. Acto seguido, sin embargo, la institución
hace una consideración con enjundia: «Dado que
constituyen un poder público, independientemente de su
configuración orgánico-formal, entendemos que al menos
son de aplicación los principios de publicidad, concurrencia y
objetividad, salvo que la naturaleza de la operación a
realizar sea incompatible con estos principios».
El
pronunciamiento del Síndic choca con la decisión tomada
recientemente por la Mesa de las Cortes, controlada por el PP, de
vetar una serie de preguntas al PSPV sobre la actividad de Agua y
Progreso. Tal como informó ayer este diario los populares han
negado los datos alegando que se refieren a una «persona
jurídica que no tiene una trascendencia pública dentro
del ámbito de la Comunidad».
No parece que esta
filosofía sea compartida por la Sindicatura que apela a una
serie de cuestiones reguladas en la Ley 50/2002 de Fundaciones que,
aunque no son de aplicación directa a las fundaciones públicas
de la Generalitat, «las consideramos como criterios generales
de buena gestión pública». Entre los criterios
está que la selección de personal se sujete a los
principios de igualdad, mérito y capacidad; y que la
contratación se ajuste a los de publicidad, concurrencia y
objetividad. Agua y Progreso tiene en nómina sin haber
convocado proceso selectivo alguno al vicesecretario provincial del
PP, Juan José Medina y a la ex presidenta de la Federación
de Vecinos, Carmen Vila, vinculada al PP.
La entidad, que se
nutre cien por cien con fondos públicos, fue sometida en 2004
al control meramente formal de la rendición de cuentas y no,
como ocurre con otras fundaciones, a una fiscalización más
extensa para comprobar si la gestión de los fondos se realiza
de conformidad con la normativa aplicable. Esto fue así porque
en ese momento la Sindicatura incluyó a Agua y Progreso en el
grupo de entidades que «se caracterizan por se poco importantes
en términos cuantitativos y no tener identificados problemas
importantes». En 2004 la Fundación acababa de arrancar y
su actividad estaba bajo mínimos. En 2006, la Fundación
ha recibido ya una subvención de un millón de euros,
que se ha gastado íntegramente en una campaña de
publicidad para defender el derogado trasvase del Ebro. Fue
adjudicada sin concurso público.
Precisamente, la campaña
de publicidad ha sido uno de los asuntos sobre los que se interesó
la diputada socialista Josefa Andrés, quien ayer formalizó
ante la Mesa de las Cortes su recurso por el veto sufrido.
En su
escrito, la diputada hace notar al PP que «en su afán de
buscar argumentos para negar la tramitación de las preguntas»
le han vetado información de la propia Generalitat. En efecto,
la diputada dirigió las preguntas relacionadas con la campaña
de publicidad al conseller de Relaciones Institucionales, Esteban
González Pons, quien presentó en rueda de prensa la
promoción. Andrés cita a la Fundación sólo
en el caso del convenio con los servicios jurídicos. En su
recurso, echando mano de la ironía, pregunta a la Mesa si es
que «a su parecer la persona jurídica sin trascendencia
pública es la propia Generalitat».
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Agua, progreso y también opacidad |
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EDITORIAL |
Sobre la Fundación Agua y Progreso, una catapulta del partido en el gobierno para continuar reivindicando su política del agua por cauces «extraoficiales», se extiende una capa de silencio que tiene precedentes. Igual sucedió con las empresas públicas de Cacsa, Ciegsa y Terra Mítica, con las que se procedió del mismo modo. La doctrina del PP en esta materia no ha variado, o ha variado poco: estas entidades adscritas a la Generalitat mantienen una personalidad jurídica propia y en caso de revelarse su gestión se provocaría un problema de confidencialidad respecto a terceros. La oposición, por tanto, se da de bruces contra un muro, pues entiende que estas empresas, pagadas con dinero público -y por eso mismo-, tienen la obligación de ofrecer el balance de cuentas a la opinión pública al igual que cualquier otro departamento de la administración autonómica. Una y otra vez, sin embargo, el PP obstaculiza la transparencia en la gestión. El último ejemplo se dio con la Fundación Agua y Progreso, financiada al cien por cien con fondos públicos. La Mesa de las Cortes, dominada por el PP, vetó las preguntas de la oposición sobre esta entidad argumentando que se trata «de una persona jurídica que no tiene una trascendencia pública dentro del ámbito de la Comunidad Autónoma». Este concepto ha sido rebatido por el Síndic de Greuges puesto que las considera «un poder público« y las somete a los principios de concurrencia, publicidad y objetividad. La Fundación Agua y Progreso recibió hace dos meses una subvención oficial de cerca de un millón de euros. Semanas después, la contratación de la campaña de publicidad que proyectó la Generalitat reivindicando el trasvase del Ebro por un millón de euros recayó en la Fundación y se efectuó sin concurso público. La Generalitat, además, ha puesto sus abogados a disposición de la entidad. Parece obvio que, con estos precedentes y los vínculos probados, el ciudadano deba tener conocimiento de cómo se administra el gasto público sin perversidades, instrumentalizaciones u opacidades. Se trata de una garantía democrática.