La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha se ha embarcado en una campaña de revisionismo geográfico destinada a demostrar
que el lago de la Albufera no tiene ninguna vinculación con el Júcar, de la que se alimenta al menos desde el siglo XV.
De momento, la «herejía» no ha trascendido más allá de algunos
encuentros informales entre regantes valencianos y castellano-manchegos
y en reuniones de universitarios y especialistas en planificación
hidrológica, pero los usuarios valencianos del Júcar están convencidos
de que la «desconexión» Júcar-Albufera es la gran baza, el as en la
manga, que el Gobierno de Castilla-La Mancha se guarda para poder
cumplir la amenaza de su presidente José María Barreda: «Vamos a
aumentar el uso y el consumo responsable del agua de las cuencas del
Júcar y el Segura».
La estrategia de Castilla-La Mancha es sencilla. El Real Decreto por el
que se fijan las nuevas demarcaciones hidrográficas establece una
división entre las cuencas intracomunitarias, que constituyen una
competencia de la Comunitat Autónoma Valenciana -no asumida todavía-, y
las cuencas que afectan a una o varias comunidades que siguen siendo
competencia del Ministerio de Medio Ambiente.
Si Castilla-la Mancha logra que Madrid acepte su tesis no evitará
que el Júcar sea un río regulado y gestionado por el Gobierno central
pero reduce en casi 1.000 kilómetros cuadrados el territorio valenciano
que hoy incluye la cuenca y en más millón y medio la población (la de
Valencia capital y la de L' Horta Sud).
Castilla-La Mancha tendría así una superficie mayor que la Comunitat
Valenciana y una población similar, lo que se traduce en mayor
representación en los órganos de la futura Demarcación Hidrográfica
Júcar.
El Medio Ambiente como aliado
Sin embargo, lo más importante, estiman los regantes, es la
protección que la directiva marco del Agua ofrece a los humedales y que
obliga a establecer una reserva de caudales del Júcar para uso
medioambiental en la Albufera.
Si la Albufera no es del Júcar, como pretenden en Castilla-La
Mancha, solo puede ser del Turia-cuyos recursos están prácticamente en
equilibrio con las demandas actuales y no dejan margen para nuevos
usos- o del barranco del Poyo y otros barrancos menores por los que
solo circulan vertidos y aguas de avenida.
Los regantes del Júcar estiman que sus derechos históricos sobre
el río «
no sirven de nada» porque en Albacete «sangran el río con los pozos sin
que ningún Gobierno lo haya impedido, provocan que se seque en verano,
culpan de ello a la Confederación Hidrográfica del Júcar y encima se
atreven a presentarse en el resto de España como los príncipes del
Medio Ambiente y del desarrollo sostenible»
, dijo un representante de los regantes.
Por esta vía de los hechos consumados y sin el escudo de los caudales
medioambientales que requiere el lago de la Albufera, La Mancha podría
incluso apropiarse de los futuros ahorros que genere la modernización
del regadío e incluso los caudales del Júcar-Vinalopó estarían en
peligro.
«Es inviable, una barbaridad que va contra la geografía, la historia y el sentido común»,
declaró José Pascual Fortea, presidente de los regantes de Sueca, para quien los usos medioambientales son ahora mismo
«el mejor aliado»
posible.
La vía política
Los usuarios del Júcar han advertido de las consecuencias
negativas que tendría la desconexión Júcar-Albufera al Gobierno
valenciano y a la oposición socialista, y esperan de ambos que «sepan
defender ante el Gobierno» sus intereses, aunque temen «la pasividad de
unos»-
los socialistas- o «el victimismo de otros»
, en alusión a la falta de diálogo y enfrentamiento constante con el
Ministerio de Medio Ambiente de los miembros del Consell, jueguen «en
contra de los intereses de los valencianos».
«Es un despropósito»
La Albufera es consecuencia del cierre del espacio comprendido
entre los ríos Turia y Júcar, siendo este último, tradicionalmente, su
principal aporte, hasta el punto de que geológicamente existen
evidencias de que el río desembocó en el lago a través de un cauce y un
delta que surgía del meandro situado al norte de Riola. En las riadas
de 1982 y 1986 el Júcar volvió a desembocar en el lago.
El catedrático de ingeniería hidráulica Juan Marco Segura, aseguró
recientemente que la pretensión de Castilla-la Mancha es «un
despropósito que no tienen fondo científico ni de ningún tipo, pero
también es un arma para sacar la mayor tajada de agua posible».
Menos contundente se mostró cuando se le preguntó sobre qué pasará
en el futuro. «No soy político-declaró- pero, si lo logran habrán
destruido La Albufera».
Además del papel que el Júcar jugó en el origen de La Albufera, el
río ha sido determinante en la evolución de lo que Carles Sanchis Ibor,
del Centre Valencià de Estudis del Reg, describe como «un sistema
natural y producto humano». Desde el siglo XIII, apunta, hay constancia
de la derivación artificial de caudales del río para hacer subir el
nivel del lago. En el XVI, las acequias del Rey llevaban agua al lago
del Turia y del Júcar y en el XVIII, la ampliación del regadío y de la
Acequia Real del Júcar, unida al cierre de las golas, cambio para
siempre la laguna salina en la actual Albufera».
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